Siempre me ha hecho gracia imaginarme que en Estados Unidos alguien sigue las elecciones españolas con la misma minuciosidad y atención al detalle que muchos prestamos a los comicios norteamericanos. Un podcast de Iowa retransmitiendo en directo cómo baila el cuarto escaño por Albacete o politólogos en Fox News comentando ceñudos el cambio de manos de la alcaldía de Logroño. De un tiempo a esta parte todas las elecciones en cualquier sitio son cruciales y definitivas, momentos estelares de la humanidad, turning points y toda la pesca. Las midterms estadounidenses no podían ser menos y el resultado, una debacle republicana [https://www.libertaddigital.com/internacional/estados-unidos/2026-11-04/masacre-electoral-para-trump-los-democratas-recuperan-el-senado-ganando-en-texas-ohio-y-hasta-kansas-7486254/], ya se ha anunciado como un cambio de ciclo, el pendulazo contra el pendulazo anterior.
En realidad, todos los presidentes pierden las elecciones de mitad de mandato, es una tradición, como el desfile de Acción de Gracias de Macy's o el trick or treat de la chavalada en Halloween. En 2010, en su momento de mayor popularidad, Obama perdió el Congreso –con nada menos que sesenta y tres distritos electorales cambiando de partido–, y cuatro años después también el Senado. El propio Trump perdió el Congreso en 2018, y lo mismo le pasó a Biden en 2022. Cuando uno tiene el poder, los propios se movilizan menos y los ajenos, más. La derrota republicana en estas elecciones ha sido, sin embargo, algo más dura de lo normal. La mayoría demócrata en el Congreso es la más grande desde principios de los noventa, y a la pérdida del Senado hay que añadir los simbólicos, y quizá sintomáticos, cambios de chaqueta en Texas o Alaska, tradicionales bastiones del GOP.
DEL AUTOR
* 30 Oct. 2026: Óscar Muerte [https://www.libertaddigital.com/espana/politica/2026-10-30/diego-gonzalez-oscar-muerte-7484976/] * 23 Oct. 2026: Activistas de la jeta [https://www.libertaddigital.com/espana/politica/2026-10-23/diego-gonzalez-activistas-de-la-jeta-7481311/] * 16 Oct. 2026: Las milongas de la Mínguez [https://www.libertaddigital.com/espana/politica/2026-10-16/diego-gonzalez-las-milongas-de-la-minguez-7477517/] * 9 Oct. 2026: Madrid, de Corte a Quechua [https://www.libertaddigital.com/espana/politica/2026-10-09/diego-gonzalez-madrid-de-corte-a-quechua-7473591/]
Como decía al principio, es absurdo trasladar a nuestro país los resultados norteamericanos. Estados Unidos tiene unas dinámicas económicas, sociales y raciales que aquí no conocemos, y a menudo ni siquiera entendemos. Considero probable, eso sí, que el galón de sin plomo a cuatro dólares y el de diésel a seis hayan tenido algo que ver en la derrota. Por comparar, y sin ánimo de deprimir, esos precios equivalen respectivamente a 97 céntimos y 1,42 euros por litro. Dinámicas diferentes, decía. El caso es que en España el político más parecido a Donald Trump [https://www.libertaddigital.com/personajes/donald-trump/] es Pedro Sánchez [https://www.libertaddigital.com/personajes/pedro-sanchez/]. No por sus ideas sino por su estilo de gobernar. Los dos son populistas autoritarios con nulo respeto por la separación de poderes, los procedimientos y los contrapesos, que consideran las instituciones del Estado como un cortijo de su propiedad. En ambos casos, además, se trata de narcisistas acomplejados cuyo poder descansa en su familia. En el caso de Trump, viene de sus padres milmillonarios; en el de Sánchez, de las cámaras y micros ocultos en las saunas de su suegro. Pedro, como Donald, también ha incumplido cantidades ingentes de promesas, indultado a delincuentes y golpistas por mero interés político personal, y colonizado las instituciones con secuaces que no saben hacer la O con un canuto. La diferencia, por ahora, es que el norteamericano no ha estampado un par de trenes de alta velocidad por racanear en el mantenimiento, ni nacionalizado a millones de extranjeros que no han pisado el país para intentar dar un pucherazo.
Aparte de los precios y de la guerra, hay más motivos para que una parte de su electorado de hace un par de años se haya girado contra Trump, y otra se haya quedado en su casa. El estilo revanchista, pendenciero y a ratos bastante guarro del magnate es genial para galvanizar a los fanboys y a los exaltados, igual que aquí los insultos barriobajeros de Óscar Puente ponían cachondísimos a los cenutrios de la barrita y el corazón, pero acaba siendo cansino para los que todavía no están polarizados, o no lo están lo suficiente. Y además moviliza hasta el extremo a los del otro lado de la trinchera. Y aquí viene el aviso, y la lección. Hace tres años la derecha se quedó al borde de la mayoría absoluta por unas pocas decenas de miles de votos en media docena de provincias. Las razones de aquella victoria inútil son y serán motivo de peleas interminables, pero el hecho es indiscutible. Todos queremos echar a Sánchez, un autócrata sin escrúpulos que, igual que Trump, muy a menudo y de forma inexplicable actúa exactamente igual que si estuviera a sueldo del enemigo. Pero si se consigue la hazaña de desalojar al felón, después del sanchismo habrá que gobernar, y habrá que hacerlo para todo el país, y eso incluye reformas profundas en determinadas instituciones para evitar que puedan ser cooptadas por satrapitas de Hacendado. Pero también será necesario ilusionar, algo que sólo puede suceder con un proyecto que pueda aglutinar a más gente que el simple miedo y asco que provoca el sanchismo, y no precisamente en Las Vegas.
TEMAS
* Donald Trump [https://www.libertaddigital.com/personajes/donald-trump/] * Pedro Sánchez [https://www.libertaddigital.com/personajes/pedro-sanchez/]
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