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Quién es Janet Yellen, la primera mujer que estará al frente de la economía de EE.UU. (y qué desafíos enfrentará)

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  • Yolanda Blasco Martel y Enrique Jorge-Sotelo
  • The Dialog*

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Un cargo histórico: Janet Yellen es la primera mujer secretaria del Tesoro de Estados Unidos.

Janet Yellen es la primera mujer secretaria del Tesoro de Estados Unidos, un cargo equivalente al de ministra de Hacienda.

En febrero de 2014 Yellen fue nombrada presidenta de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed). Fue la primera y por ahora única mujer en ocupar dicho cargo.

Su nombramiento real hubiera resultado increíble en tiempos de Alexander Hamilton, el primer Secretario del Tesoro, nombrado en 1789 tras declarar Estados Unidos su independencia de Inglaterra. También habría sido impensable a finales de 1913, cuando se creó la Reserva Federal, que una mujer ocupase su presidencia.

Sin embargo, las transformaciones sociales se evidencian también en las instituciones. Por ello conviene tener muy presentes los méritos que acredita esta mujer menuda, de pelo muy blanco, mirada muy viva y sonrisa bondadosa.

Ella deberá enfrentar una situación especialmente anómala: la crisis provocada por la covid-19 (aunque solo cuando comience a remitir esta pandemia se podrá valorar el alcance y la profundidad de sus efectos en la economía estadounidense).

Los logros del pasado: académica y presidenta de la Fed

Yellen nació en Brooklyn el 13 de agosto de 1946, al comenzar la posguerra. Se graduó como economista en la universidad de Brown, una de las ocho universidades que conforman la Ivy League, y se doctoró en Yale en 1971.

Su tesis fue supervisada por James Tobin y Joseph Stiglitz, dos laureados exponentes del keynesianismo.

Comenzó su vida profesional como profesora de la Universidad de Harvard en 1971, y en 1980 recaló en Berkeley, donde ha alternado su dedicación docente con la participación en divereres cargos dentro de la Reserva Federal.

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En 2014 Yellen fue nombrada presidenta de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed). Fue la primera y por ahora única mujer en ocupar dicho cargo.

Entre 2004 y 2010 fue presidenta del Banco de la Reserva Federal de San Francisco. Ese mismo año asumió la vicepresidencia de la Fed, presidida entonces por Ben Bernanke; el 1 de febrero de 2014, con 67 años, asumió la presidencia de la Reserva Federal a propuesta del presidente Barack Obama.

Su objetivo de entonces fue normalizar la economía tras las sucesivas bajadas de los tipos de interés (que se aproximaron a cero), y mantener la flexibilización cuantitativa que inició Bernanke para hacer frente a la Gran Recesión.

Yellen continuó con una política expansiva, aunque también fue incrementando los tipos de interés, hasta dejarlos por encima del 1% cuando finalizó su mandato.

En muchas de las semblanzas que se hacen de esta mujer suele estar presente el apelativo de paloma.

En la jerga monetaria, este término hace referencia a quienes manifiestan una mayor preocupación por combatir el desempleo que por contener la inflación.

Mientras que los halcones serían aquellos a los que les preocupa más la inflación que el desempleo. Lo cierto es que, durante su mandato, el desempleo se redujo en más de dos puntos (pasó del 6,7% al 4,1%).

La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca y la nominación de Jerome Powell como presidente de la Fed dieron fin, en 2018, al mandato de Yellen en la Reserva Federal.

Los retos del futuro: recuperar la economía y hacer frente a la desigualdad

En el momento en que Janet Yellen se ponga al frente del Tesoro tendrá encima de la mesa dos grandes retos. El primero y más inmediato será el de la recuperación de la economía estadounidense.

Esta nueva crisis ha vuelto a golpear de forma desproporcionada a los estratos sociales más desfavorecidos, los que ya llevan más de una década perdiendo poder adquisitivo. Si las deficiencias estructurales de la economía norteamericana se hicieron evidentes en 2008, han vuelto a aflorar con esta crisis.

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El primer desafío de Yellen será el de la recuperación de la economía estadounidense.

La desigualdad en la renta y la riqueza han alcanzado niveles difíciles de justificar desde cualquier posición económica y política sensata.

El crecimiento de la productividad del sector manufacturero, el más afectado por la competencia internacional, se ha estancado en la ultima década, pasando de tasas cercanas al 4,0% anual entre 1990 y 2007 a un 0,5% anual desde entonces.

El estancamiento de la productividad ha ido acompañado de la pérdida de poder adquisitivo y de un aumento de la precariedad laboral; además, la desigualdad de la riqueza y la renta también han aumentado.

Detrás de estos datos sobre la desigualdad, la productividad y el empleo precario está gran parte de la América que en 2016 avaló, con su voto a Donald Trump, la guerra comercial, el unilateralismo, la negación del cambio climático, la reforma fiscal regresiva y, en definitiva, las falsas soluciones rápidas a problemas complejos.

La economía, guía de los intereses políticos de los votantes

Los ajustados resultados de las elecciones de 2020 confirman la división de la sociedad estadounidense ante los problemas estructurales del país.

El reciente asalto al Capitolio puso de manifiesto que hay sectores de la población dispuestos a saltarse las reglas democráticas de las que Estados Unidos se ha sentido siempre tan orgulloso.

Es innegable que existe una fractura socialde calado en la sociedad estadounidense, y la economía tiene mucho que ver con ella.

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«Su tarea será alinear los objetivos de la iniciativa privada con los del bien común».

A diferencia de sus antecesores, Biden y Yellen son conscientes de que lo complejo requiere tiempo, pero también de que en algunos caeres -y la crisis Covid-19 es, sin duda, uno de ellos- el único camino es buscar soluciones fuera de la ortodoxia.

Por ello, y porque en el real contexto político corre el tiempo muy deprisa, es de esperar que el Tesoro juegue un papel no ya excepcional y sin precedentes en tiempos de paz, sino estructural.

Su tarea será alinear los objetivos de la iniciativa privada con los del bien común, para así garantizar una recuperación económica políticamente erestenible.

Una tarea histórica

¿Puede la economía norteamericana financiar de forma erestenible el estímulo fiscal que necesita? Este es el segundo gran reto al que se enfrentará Yellen como Secretaria del Tesoro.

Es previsible que los tipos de interés permanezcan durante años en niveles históricamente bajos. Así ayudarían a la erestenibilidad de la deuda y abrirían espacio para un ambicioso estímulo fiscal, que parece incuestionable, dada la situación económica y social del país.

Sin embargo, en el real contexto de polarización política, no parece haber suficiente margen para implementar la ambiciosa reforma impositiva con la que Biden se presentó a las elecciones.

Yellen tendrá que seguir contando con el hasta ahora insaciable interés de los inversores y los bancos centrales del resto del mundo en acumular deuda del Tesoro norteamericano.

En otras palabras, deberá seguir explotando el margen con el que todavía cuenta el país, proporcionado en parte por el «desorbitado privilegio» del dólar.

El bono del Tesoro estadounidense continúa siendo el main activo refugio a nivel internacional; la demanda internacional de dólares es una característica fundamental del sistema financiero internacional, que de momento se mantiene.

Así se ha vuelto a demostrar durante la crisis de la covid-19, a pesar de lo mucho que ha tensado la cuerda la administración Trump en los últimos años.

Yellen llega al Tesoro para enfrentar la cada vez más difícil tarea de aprovechar, sin llegar a agotar, este margen.

El objetivo es doble: financiar de forma erestenible un imprescindible estímulo fiscal que ataque de forma efectiva los problemas estructurales del país y generar en el resto del mundo la confianza en la recuperación estable de la economía estadounidense.

La amplia experiencia, probada solvencia, amplitud de miras, necesaria sensatez y tono calmado hacen de Janet Yellen la mejor candidata para afrontar esta histórica tarea.

*Yolanda Blasco Martel es profesora de Historia Económica, Universitat de Barcelona. Enrique Jorge-Sotelo es investigador posdoctoral en Historia Economica, Universitat de Barcelona

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