La «Calígula de Madagascar», la despiadada reina africana que causó pavor en Europa

Un reinado de terror durante más de tres décadas asoló la nación de la isla de Madagascar, entre 1828 y 1861. Ranavalona I de Merina fue la monarca más despiadada y controvertida de la historia africana. Su sangre fría para asesinar a todo aquel que veía como su enemigo no pasó desapercibida para otros gobernantes despóticos como Nerón o Atila; razón de más para que sus contemporáneos la bautizasen como la «Calígula de Madagascar».

Firme defensora de la independencia malgache frente a las ambiciones coloniales francesas y británicas, llevó a cabo una violenta política de persecución contra los cristianos y de represión hacia la cultura occidental. Sus experimentos macabros hicieron que se ganara la impopularidad entre los europeos.

Antes de apoderarse del trono de la isla africana, esta mujer era conocida como Ramavo y no era más que una simple muchacha de origen plebeyo. Su destino cambió el día que su padre informó al rey de Madagascar de que se planeaba una conspiración para asesinarle. Este, agradecido por el acto de lealtad de su súbdito, le recompensó casando a su hija con el príncipe heredero, Radama.

El matrimonio fue un infierno para aquella joven, quien tuvo que sufrir la brava actitud de su esposo, el ya monarca Radama I. La primera medida de este fue eliminar sin contemplaciones a todos los aspirantes al trono, entre ellos los familiares de la propia Ramavo. La venganza de la también llamada «Bloody Mary de Madagascar» solo era cuestión de tiempo.

Al no tener descendencia, la reina fue excluida de la línea sucesoria por Radama I, quien escogió a su sobrino como futuro rey. Ramavo, que ya destacaba por su inteligencia, siendo paciente y sin despertar altercados, reunió a su alrededor fieles partidarios de las clases nobles y del ejército que, posteriormente, le ayudarían en su venganza. Lo mejor estaba aún por llegar.

El reinado de terror
En 1828, y en extrañas circunstancias, el rey murió. Una primera versión afirma que se quitó la vida durante un delirio provocado por la larga enfermedad que sufría. Sin embargo, la tesis más extendida era que su esposa Ramavo le había asesinado con veneno.

A pesar de haberse mantenido fuera de la vida pública durante los últimos años de reinado de su marido, Ramavo había ido tejiendo toda una estrategia de conspiración para actuar llegado el momento. Con la ayuda de sus partidarios dio un golpe de estado que resultó efectivo. Así, se convirtió en la reina de Madagascar bajo el nombre de Ranavalona I.

La nueva monarca fue sólida y despiadada desde el principio. Uno de sus primeros actos fue ordenar el asesinato de todo aquel que fuera una amenaza para su trono. La purga comenzó con la captura y la ejecución sin piedad de los miembros de la familia del difunto rey. Entre ellos se incluían su sobrino el heredero, su hermana y su cuñado. Como no quería derramar sangre real, los parientes regios fueron estrangulados o condenados a morir de hambre. Así se inició el reinado de terror.

Cuando tomó posesión de su cargo, la reina comunicó a sus súbditos cómo iba a ser su gobierno: «Gobernaré para la buena fortuna de mi pueblo y la gloria de mi nombre. No adoraré a ningún dios más que a los de mis antepasados. El océano será el límite de mi reino y no cederé ni el grosor de un pelo de mi territorio».

Odio hacia el europeo
El nuevo reinado de Ranavalona I trató de aferrarse a los valores culturales de Madagascar, adoptando una política aislacionista frente a Europa. Eliminó casi todas las medidas tomados por su esposo y echó por tierra los acuerdos comerciales con Francia e Inglaterra.

Radama I había sido el primer gobernante de la isla en abrir las fronteras de su país a diplomáticos y misioneros europeos y a todas sus costumbres. El rey creía que se podría aprender mucho de la cultura occidental y permitió que los comerciantes accedieran a la región; ocasión que los británicos aprovecharon para ejercer una creciente influencia en el territorio. Este hecho generó un debate en una sociedad que se veía en peligro frente a la nueva religión oficial: la cristiana.

La reina obligaba a sus víctimas a beber veneno y tres pieles de pollo cruda. Si las vomitaban eran inocentes, pero si morían demostraban ser culpables

Su mujer era de la opinión contraria. No se fiaba de las verdaderas intenciones de los colonos y estaba convencida de que Francia y Reino Unido querían acabar con el reino de Merina. La nueva reina, viendo amenazada la creencia malgache ante la expansión de la fe cristiana, inició una especie de cruzada religiosa contra sus enemigos occidentales.

Expulsó a los misioneros cristianos que había recibido Madagascar bajo el antiguo gobierno y prohibió la práctica del cristianismo dentro de su reino. En 1835 aseguró que cualquiera persona conversa o sospechosa de profesar la fe enemiga sería sometida a toda serie de tortutas macabras.

Un genocidio desatado
Algunos fueron colgados boca abajo sobre abruptos precipicios hasta que las cuerdas de las que dependían sus vidas se deshacían. Otros fueron enterrados en profundos agujeros con agua hirviendo. Y si existía alguna duda sobre la condena del reo, solo había una forma de demostrar su inocencia: era obligado a tomar veneno y tres pieles de pollo crudas. Si no las vomitaba significaba que quedaba libre, pero si moría demostraba que había sido culpable del delito.

De esta manera, Ranavalona I llevó a cabo un genocidio sistemático que, según los historiadores, llegó a las 150.000 víctimas; entre ellas también se encontraba la población malgache. No es de extrañar que la historia la recuerde como una tirana brutal. Los europeos se sentían insultados y amenazados y sus propios seguidores la acabaron temiendo.

Su reino alcanzó unas cotas de brutalidad tales que su propio hijo -su único heredero, nacido años más tarde- se opuso a las acciones de su madre y decidió actuar a sus espaldas. Envió una carta secreta al emperador francés Napoleón III para que acabara con el reinado de Ranavalona. Sin embargo, este no accedió a las peticiones del joven. Descubierto el complot, la reina expulsó de forma definitiva a británicos y franceses de la isla y confiscó sus bienes.

Desde entonces, hasta su muerte en la vejez, aplastó sin piedad cualquier indicio de oposición. Logró sobrevivir a varios intentos frustrados de usurpar el trono gracias a su inmensa red de espionaje. Una suerte con la que no contó su heredero, Rakoto, quien fue asesinado a los pocos años de ascender como monarca, pese a que eliminó toda la política de su madre de raíz.