El Real Madrid respira, pero con poco motor

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No son frecuentes los enfrentamientos tan tempranos con aire de final. De eso habló un encuentro tenso, duro, con un dramatismo inesperado en el recorrido de los goles y una victoria angustiosa del Real Madrid. Ganó con el gol de Rodrygo un botín de incalculable valor, pero su actuación dejó muchas erespechas. Rara vez controló el partido y fue superado con facilidad por el Inter en el segundo tiempo.

El fútbol italiano se aleja cada vez más de su cultura dominante durante décadas. Los maestros del juego defensivo, del catenaccio como modelo, propagado por varios de sus entrenadores más admirados y por la crema del periodismo futbolístico, se acercan cada vez más a las nuevas corrientes europeas, ahora encabezadas por equipos como el Bayern de Múnich y el Liverpool, con el peso añadido del plan que propuso Guardiola en el Barça,

El Inter rara vez se agarró al pelotazo –Courtois jugó más largo que Handanovic-, propuso el mecanismo de elaboración desde su área, atacó bastante más que el Real Madrid y mantuvo casi intacto el motor desde el primero al último minuto. Correr, correr todos y correr a la máxima velocidad, se ha convertido en un mandato obligatorio en el fútbol, que ahora está sembrado de trincheras en toda su superficie. Es una deriva que todavía no ha alcanzado de lleno al fútbol español, cuyos principales equipos -Real Madrid y Barça- sufren en el juego de ventolera que se propicia en otros lugares de Europa.

El Madrid aprovechó mucho mejor sus ocasiones que el Inter: un error de Achraf en el pase al portero que significó el gol de Benzema, el cabezazo de Sergio Ramos tras un saque de córner y la perfecta transición que coronó Rodrygo con mucho estilo. Casi todo lo demás fue esfuerzo para contener al Inter. Lo logró a duras penas.

El Madrid se descosió demasiado, o le descosió el equipo italiano, y rara vez consiguió conducir el partido por donde debía, a través de la precisión en el pase y una paciencia que le habría evitado los constantes sofocones en el ida y vuelta.

Gran parte del mérito cabe atribuírselo al Inter, vigoroso y metódico, a veces más mecánico de lo conveniente. Desactivó línea por línea al Real Madrid, que sólo apareció entre arreones. Le faltó constancia, regularidad, trazo y, sobre todo, motor. El Inter atravesó el campo infinidad de veces, sin demasiados problemas, generando ocasiones y exigiendo otra excelente actuación de Courtois, eficaz en las paradas y muy inteligente para adelantar metros en el área. Evitó al menos cuatro llegadas mano a mano con los delanteros. En cuestión de delantero, Lautaro Martínez confirmó su viveza. Sabe cómo, cuándo y dónde hacer daño a la defensa.

La victoria aclara el panorama del Madrid después de un pésimo arranque en la fase de grupos. Suele ser la mejor vitamina para mejorar las futuras prestaciones futbolísticas. En Milán tendrá que confirmarlo. El fútbol gira muy rápido. Lo que hoy invita a la preocupación, en un par de meses es asunto olvidado. Pocos equipos lo han explicado mejor que el Bayern. El pasado año se arrastraba en la Liga. Se habló de un Bayern decadente. Desde que comenzó 2020 ha ganado todos los títulos y todos partidos, excepto un empate y la derrota con el Hoffenheim.